La fila que no se termina, la gente que mira al piso sin interacción visual con alguien mas, el hombre que se queja sin parar, la empleada con sonrisa cansada y la que con actitud hostil responde. Una segunda fila, la persona amable que no recibe respuesta, la indigente con la mano alzada recibiendo solo un rayo de luz, la inconsciente fila india que se forma en la banqueta, los desesperados que rebasan, los que se bajan la banqueta para avanzar mas rápido, los q te pisan los talones, los que corren, los que tropiezan, los que chocan hombro con hombro, DIOS!! TODOS TIENE MUCHA PRISAAAA!!.., los novios que caminan abrazados de manera torpe y lenta, los que comparten un helado, los que discuten quien va a pagar, los que hacen fila para comer, las esquinas que se convierten en punto de reunión, en punto de discusión sobre que rumbo se seguirá.
Los amigos que esperan del otro lado de la calle, los grupos de mujeres que caminan a prisa, los de secundaria que caminan casi como siameses, los oficinistas que fuman y beben café, los que rascan sus estómagos hinchados, los que ven con desprecio a los demás.
Los carros que se avientan al peatón, el silbato desesperado de la policía de transito, la luz parpadeante en rojo, los que invaden las franjas amarillas, los peatones que los enfrentan.
Edificios grises, enormes, locales repletos de mercancías, y vacías de consumidores, la pulquería repleta en el exterior, el aroma a alcohol y orina, el hombre tirado, la droguería, el viejo con cabello cano largo con chamarra de piel.
Un callejón, y al dar a vuelta a la esquina aparadores, mucha gente, mucha música que se mezcla en el aire, los anuncios, los controles remotos, las luces, los estrobos, los anuncios neón, los scooters aquí parecen ser el transporte oficial.
Un grupo de amigos rastafaris con dreadlocks hasta la cintura, causan sensación en un grupo de jóvenes mujeres, regordetas, con pantalones entallados y flecos relamidos con gel, ellos ajenos a esto, siguen su camino.
En la avenida te conviertes en el carnal y amigo de todo vendedor que te aborda en la calle, el aroma a comida en cada esquina,a carne y aceite me asquea en realidad, debo admitir que tal vez tengo hambre y sed. La tienda con paredes de vidrio, la fila (otra vez), y la persona que cobra con actitud robótica, son $8.50 por favor...recibo $20..son $11.50 de cambio Gracias... que le cobro...
El centro joyero repleto de un aroma a pino y un constante color dorado en sus vitrinas, el restaurante vegetariano, la mesa en el balcón y lo que debería ser un agradable piano tocando al final del corredor, se convierte en un obstáculo para la interacción entre el mesero y yo.
El cielo se tiñe de morado y rojo, todo desde aquí arriba se ve diferente, 6:00 pm, y como si hubiera una cita pendiente, me voy.
:D
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